domingo, 19 de julio de 2020

La Plaza Real y Gallito. Dos aniversarios en uno.



" Es la Plaza de Toros de la muy noble y muy leal ciudad del Gran Puerto de Santa María, de tanta solera taurina como las de la Maestranza de Sevilla y de la de Ronda. Fue primero, desde 1768 plaza de galeras, hasta el 1808 y en ella fue mortalmente herido el 23 de junio de 1771 el famoso José Cándido. Sufre la destrucción por fuego, el 13 de septiembre de 1813 y en 1842 se reedifica y reforma hasta 1876 en que ya se construye la actual, inaugurándose el 5 de junio de 1880 con 6 toros de Anastasio Martín, que despacharon Antonio Carmona ( El Gordito) y Rafael Molina (Lagartijo).
Consta plasmada en ella , la gran leyenda sobre la figura cumbre de la Fiesta de los Toros , José Gómez (Gallito), que es un acierto tanto en lo escrito, como en su colocación."

El Conde de Colombí. Junio de 1968

Carta manuscrita del Conde de Colombí para el prólogo del libro "Plaza Real".




Estas palabras del Conde de Colombí, natural de Alcalá de Guadaira como hace poco me recordaba el Maestro Sánchez Araujo, sirven de prólogo al maravilloso libro escrito por Manuel Martínez Alfonso en la década de los años 60 del siglo pasado sobre la Plaza Real del Puerto de Santa María que este año cumple 140 años.

Los toros en el Puerto se vienen celebrando desde mucho antes. El notable historiador portuense D. Hipólito Sancho, nos dice que  a principios del siglo XVII en la explanada de la Plaza de la Iglesia Mayor ya se celebraban corridas de toros.

En 1697 se celebran corridas en la Plaza del Polvorista, donde se sitúa la Casa de las Cadenas en la que durante algún tiempo se instalo el rey Felipe V.

Con posterioridad las corridas se celebraron en la Plaza de la Herrería frente a la Capilla de las Galeras allá donde D. Juan de Austria escuchó misa en su solemne despedida para afrontar la Batalla de Lepanto.

Ninguna de esas plazas eran como tal plazas de toros, aunque en ellas se celebraran  corridas.

La primera plaza que tiene El Puerto la construye Nicolas Lupo en la Plaza del Ejido de San Francisco en 1769.

Uno de los primeros carteles conservados de toros en El Puerto donde se anuncian nada menos que Pedro Romero y Pepe Hillo el 20 de junio de 1780


Cartel de toros más antiguo conocido en El Puerto del año 1770 donde se anuncia José Cándido que al año siguiente moriría cogido en la Plaza de El Puerto.

Esa plaza es efímera y prácticamente en el mismo sitio se construyen la segunda  y tercera plaza del Puerto de Santa María. En aquella época el empresario que regentaba la plaza la construía y prácticamente la derribaba al finalizar la contrata.

De hecho en 1802,  D Esteban Rice se compromete a regentar la plaza. En el pliego del concurso se puede leer que el adjudicatario "levantará plaza de madera, en el mismo sitio que estaba la anterior, la cual será sujeta a las correspondientes inspecciones o reconocimientos":

Este empresario fue perseguido por la mala suerte, pues tuvo la desgracia de caerse en la jaula de un chiquero en el que había un toro y aunque salió ileso del percance nunca olvidaría aquella impresión.

El 13 de septiembre de 1813, día con fuerte viento de  levante y con demasiados treces en la fecha, un voraz incendio destruye la cuarta plaza del Puerto.

No se desanima el Sr Rice y construya tras el incendio la quinta plaza. Esa plaza tuvo una vida corta pues fue derruida en 1842 para que una sociedad anónima constituida al efecto construyera la sexta de las plazas.

De está  ultima cuenta el cronista Pazos : "Era la tarde del 10 de julio de 1877; el tañido de las campanas anunciaba un incendio y corrió veloz por todos los ámbitos del pueblo, que estaba ardiendo la Plaza de Toros. Al llegar las autoridades todo el edificio era una inmensa  hoguera." Había ardido la última plaza de toros de madera que tuvo el Puerto de Santa María.


Incendio de la Plaza de Toros en dibujo de la época



Tan solo dos días mas tarde, el 12 de julio de 1877 se constituye la Junta iniciadora de la construcción de la Plaza de Toros del Puerto de Santa María, que derivó en la constitución de la Compañía de la Plaza de Toros del Puerto de Santa María ante el notario D. Esteban Paullada,  nombrándose presidente de la sociedad a D. Tomás Osborne y Bohl de Faber

Se presentan  diversos proyectos al concurso de construcción pero es el del ingeniero  D. Mariano Carderera y Pardo,  que lo había hecho en coordinación con D. Manuel Pardo, Catedrático de la Escuela de Ingenieros Civiles, el que gana el concurso.

Digno de lectura es el informe técnico que hace un ingeniero de la Compañía de la Plaza de Toros en el que dice entre otras cosas que "el interior del circo será sin duda alguna el más vistoso y alegre de los construidos en España, pues todo se haya bien combinado y estudiado, tanto en la disposición de los adornos y del colorido, como en el partido que se ha sabido sacar de los sencillos elementos que entran en su construcción. Hoy posee el Puerto de Santa María un proyecto perfectamente estudiado y, mas tarde, como si es de esperar se realiza tendrá el primer circo de España".

El 1 de noviembre de 1878 se pone la primera piedra en una sencilla ceremonia a la que acudió  de manera espontanea la banda de música de la Academia Filarmónica.

La construcción de la Plaza pasó por innumerables vicisitudes.

 Una de las más significativa fue las dificultades que conllevó  la adquisición de las numerosas piezas de hierro que tiene la construcción.

Hubo problemas de suministro con varias fábricas en España.  Finalmente se contrató con unos fabricantes de Marchienne en Bélgica.

Eso demoró mucho la construcción ya que la llegada de los hierros era indispensable para que la Plaza pudiera ser entregada en la fecha comprometida , el 31 de mayo de 1880.

Dice el cronista Pazos. "Explicar el gozo con que fue acogida la noticia del embarque en Amberes a bordo del vapor "Balboa" de más de la mitad del hierro sería una tarea ímproba y difícil"

Pero el  "Balboa" se hundió  con todo su cargamento a la altura de Lisboa. No llegaría el hierro hasta febrero de 1880 en el vapor "Juan Cunninghan".

Las obras se aceleran y se trabaja hasta los domingos tras pedir licencia a las autoridades eclesiásticas.

Don Tomas Osborne, desde Sevilla, sigue atento el mínimo detalle de la construcción y en una carta fechada el 9 de mayo de 1880 pregunta a los encargados de la obra

" ¿Hay urinarios en el piso alto? No recuerdo haberlos visto y son más necesarios que en ninguna parte, para evitar que los orines caigan en forma de lluvia en el otro piso, como en la plaza antigua. Si no los hay es necesario que el Consejo determine algo para ponerlos".

Don Tomás Osborne Bohl de Faber


La Plaza se finalizó en plazo. En la imagen de abajo la vemos terminada antes de su inauguración.


Finalmente se puede llegar a la solemne inauguración de la Plaza. Se organizan dos extraordinarias corridas de toros los días 5 y 6 de junio de 1880.




Cartel de las corridas de inauguración de la Plaza de El Puerto los días 5 y 6 de junio de 1880



En ambas torean los diestros Antonio Carmona "El Gordito" y Rafael Molina "Lagartijo". El primer día se lidian toros de D. Anastasio Martín y el segundo de la Viuda de Saltillo.

La revista taurina "El Toreo" que solo se publicaba los lunes saca un número especial el miércoles 9 de junio de 1880 con motivo de la inauguración de la Plaza de Toros de El Puerto.

Número extraordinario de "El Toreo" con motivo de la inauguración de la Plaza de El Puerto


En ese número,  que es una autentica joya , firmado por el crítico Paco Media Luna pueden leerse fragmentos muy curiosos que pasamos a reproducir para hacernos una idea de lo que fue ese día. 

"La inauguración de una plaza de toros en un pueblo de Andalucía, es uno de los acontecimientos que dejan mayores recuerdos en un viajero. No es posible dar idea aproximada de la animación y la alegría que reina entre los aficionados de la tierra clásica del toreo."

"Pero nada tiene comparación con la fiesta, siempre famosa, que allí se llama los toros del Puerto; las corridas de esta bellísima ciudad han sido siempre famosas, y a su constante celebridad habría ahora que añadir el aliciente  de inaugurarse la plaza, y el de hacer muchos años que en aquel punto no se veían corridas de toros.

El Puerto de Santa María el sábado y domingo último ha ofrecido un aspecto indescriptible: sus hermosas y largas calles, llenas de forasteros; sus grandes miradores cuajados materialmente de preciosísimas mujeres; la ría llena de vapores que de momento en momento iban aumentando el número de viajeros, y por todas partes la mayor alegría y la animación más viva que pueda formarse idea."

"Las cuatro y media del día 5 del corriente eran la hora y la fecha señaladas para inaugurar la plaza del Puerto. A las dos ya había gente en los alrededores del circo, y cuando este se abrió la gente penetró empujándose para tener el gusto de estrenar una localidad".

"Entre el público abundaba el sexo bello, que en Andalucía,  y en El Puerto sobre todo,  es más bello que en otras partes".

"Momentos antes de comenzar la fiesta ,  en el palco regio se presentó el Capitán General, y en el de la izquierda de esté la princesa Ratazzi y su hija, vestida de torera. El público pidió que saludara, y la niña con el mayor garbo contestó a los aplausos de los espectadores quitándose graciosamente la montera."

Es curioso que en la crónica se resalte la presencia de Madame Rattazi, o lo que es lo mismo doña María Leticia Wise-Bonaparte, una de las aristócratas más importantes y afamadas del momento en toda Europa.

Prima de Napoleón III, que la expulsó de Francia por los celos que esta provocaba en su mujer Eugenia de Montijo.

Durante su estancia en Italia fue conocida como la "Divina Fanciulla" por sus habilidades en las artes amatorias.

La princesa Ratazzi


La princesa Rattazzi había venido a Sevilla para ver la Semana Santa y deciden alojarla en la primera casa que se construyo en la Alameda de Hércules. La casa de estilo parisino que se había hecho construir el Marques de Esquivel, conocida como "Recreo de la Alameda" o  "Casa de las Sirenas" por las dos esculturas que flanqueaban su acceso.

La Casa de las Sirenas en la Alameda de Hércules de Sevilla


Parece que esta señora no vio mucha Semana Santa aquel año , pero si es seguro que la vida social de la ciudad giró durante meses en torno a la Casa de las Sirenas. Al "Recreo de la Alameda" acudían intelectuales, artistas y escritores y mucha fama adquirieron las fiestas de la princesa. De hecho hasta mediados del siglo XX la Casa de las Sirenas es conocida como el Palacio Ratazzi. Su estancia en Sevilla se prolongó y sus contactos sociales la llevaron a ver la inauguración de la plaza de El Puerto y a ocupar un lugar distinguido.

A las cuatro y media en punto se inicia el paseíllo. El Gordito de verde y oro. De lila y oro Lagartijo. En medio de los dos un niño. El hijo de El Gordito. La música del Regimiento de Ingenieros ameniza el paseíllo.

El primer toro que se lidia en la Plaza , según la crónica de "El Toreo", se llama "Bordador" y era berrendo en negro, botinero, capirote, apretado y algo caído de cuerna. Por la mañana se había pasado de un chiquero a otro y fue necesario mucho trabajo para pasarlo a su lugar.

"Estando  el toro tomando un puyazo se echo a la plaza un individuo con un sombrero de paja en la mano por toda defensa y un poco de vino en el cuerpo. En cuanto el toro lo vio se le arrancó , y gracias al Gallo que le metió el capote, no se quedo aquel cristiano herido para estrenar la plaza".

El Gallo al que se refiere era José Gómez el Gallo ( hermano del padre de Joselito y por tanto su tío) que iba en la cuadrilla de Lagartijo.

La faena no pasará a la historia por su brillantez. La cabeza de "Bordador" se conserva en la antesala del Palco Presidencial

Cabeza de "Bordador" en la antesala del palco presidencial


Lagartijo tampoco estuvo brillante en ninguno de sus toros. Destaca de la crónica lo siguiente cuando se habla del segundo toro de la tarde.

"Los picadores de tanda fueron revelados por los de la cuadrilla de Lagartijo. Parece que entre las rarezas de Antonio Carmona se halla también la de que sus toros deben ser picados por su gente nada mas. ¡ Que de cosas van inventando los picadores modernos!" .

La segunda de las corridas cuenta también con la presencia de la princesa Ratazzi y es más brillante que la primera.

Los toros de Saltillo dieron más juego que los del día anterior.

Al primero de la tarde de nombre "Redomito" o "Reomito", cuya cabeza está en las oficinas de las Bodegas Osborne, El Gordito le hizo una colosal faena.

Cabeza de "Reomito" que se conserva en las oficinas de la Bodega Osborne


Tanto fue así  que cuenta la crónica que "el entusiasmo fue grande. Muerto el toro, un individuo se arrojó al redondel y se puso de rodillas delante del El Gordo a adorarle como un santo. Dicho cristiano llevaba en el cuerpo otra santa que se llama Santa Manzanilla de El Puerto".

Destaca el cronista que "este día no se varió la tanda de picadores para cada toro sino a mitad de la corrida, como se ha hecho siempre en todas las plazas de provincia "

El Gordito , excelente banderillero brindo una serie a la niña Roma Ratazzi, que en agradecimiento le  tiró una petaca.

La segunda corrida fue mejor que la primera, pero el balance del estreno fue muy positivo.

Los mano a mano entre El Gordito y Lagartijo eran frecuentes en la época.



De especial relieve fue el que tuvo lugar en El Puerto el día de Santa Ana de 1869 en una de las antiguas plazas de toros de El Puerto.

Y no fue por los toreros sino porque se lidio uno de los toros más bravos que se hayan lidiado en las plazas españolas. El toro se llamaba precisamente "Gordito" de la ganadería de D. Juan López Cordero.

En un artículo publicado en la "Revista Portuense" varios años después, en concreto el 27 de julio de 1898 se habla de este toro, que tomó un total de treinta varas, ocasionando otras tantas caídas, dando muerte a dieciocho caballos , y malhiriendo a otros tres que tuvieron que ser apuntillados  en las cuadras.

Dice  la crónica referida.

" Y ahora viene el héroe de la tarde. Abierta la puerta de gayola, apareció en el ruedo un hermoso toro de pelo negro , de muchísimas libras y de no mucha alzada; se llamaba Gordito, tomó treinta varas en esta forma: nueve de Onofre Álvarez, ocho de Antonio Calderón y trece de Juan Mondejar (Juaneca), dándoles a todos ellos sus correspondientes caídas y dejando en el redondel dieciocho caballos muertos y tres muy mal heridos; cuando se cambio la suerte, a pesar de echar por el morillo la sangre como sale el agua del surtidor de una fuente, estaba desafiando y como si nada le hubiera ocurrido.

El publico que llenaba por completo la plaza, se levantó en masa, pidiendo le fuera perdonada la vida a tan bravo animal; el presidente señor Valdeavellano accedió inmediatamente a la petición de los espectadores saliendo los mansos que arroparon a Gordito tributando los espectadores una delirante ovación al dueño de la ganadería D. Juan López Cordero que presenció la corrida desde un palco.

Difícilmente se encontrará en los anales taurinos un cornúpeto que en su tarea inutilizase veintiún caballos, como hizo Gordito, siendo su mérito aún mas de apreciar cuanto que fue castigado por picadores de tan pujante brazo como Onofre, Calderón y Juaneca.

La cabeza del referido toro se encuentra disecada en la casa que en la calle de Caballeros de Jerez habita la bellísima señorita María del Carmen López y Ramos , nieta del famoso ganadero."

Lámina del toro "Gordito" indultado por su bravura en El Puerto en 1869



El panorama taurino del año 1880 estaba dominado por la competencia entre Lagartijo y Frascuelo.
El Gordito era el tercero en discordia ya casi en retirada.

Una copla popular, recogida por Cossío, resume en pocas palabras el panorama de las primeras  figuras de aquellos tiempos:

De Córdoba, Lagartijo
y de Granada , Frascuelo;
de Algeciras , Cara Ancha
y de Cadí, el Marinero;
de Sanlúcar de Barrameda
el simpático Hermosilla,
y el Gallo y el Espartero,
salero,
de la ciudad de Sevilla.

En este caso el Gallo, es Fernando el Gallo , padre de Joselito.


Fernando tuvo  una gran relación con El Gordito que fue su maestro. De hecho El Gordito llevo en su cuadrilla a Fernando El Gallo. La principal aportación técnica de El Gordito fue el quiebro, que practicaba tanto a cuerpo limpio con las banderillas como con la capa y la muleta. Era el elemento diferenciador de su toreo.

El Gordito en 1878 con su cuadrilla en la que están Currito , el hijo de Cuchares, Cuatro Dedos y Fernando el Gallo



 También instruyó a Joselito . Las banderillas al quiebro de Joselito tenían una clara influencia de El Gordito. Cuenta la revista "Los toros" que Antonio Carmona contaba con 72 años cuando a finales del invierno de 1910 coincidió con Joselito en la finca "Las Cuatro Navas".

Dice la revista "Grande era la curiosidad que había despertado el anuncio de que torearía el hermano pequeño de Gallito, y no fue defraudada ni mucho menos, pues el chiquillo ejecutó infinitas suertes que no se sabe porque asombraban más , si por el puro clasicismo con que se hacían, o por ser un verdadero niño el que hacia aquello que tan pocos hombres saben hacer.

El Gordito da instrucciones a Joselito ante la atenta mirada de los asistentes al tentadero en "Las Cuatro Navas".



"Hubo un momento en que todos los asistentes a la fiesta formaron corro alrededor del simpático anciano Antonio Carmona (Gordito) que daba lecciones de manejo de la muleta al pequeño Joselillo Gómez. La escena resultaba interesantísima. No se sabía que admirar más , si la claridad con la que el célebre  ex diestro daba sus explicaciones teóricas , o la atención que ponía el futuro buen torero en todo lo que decía el que hace tantos años fue el maestro de su padre".
El Gordito posa ya retirado.

El Gordito y Joselito con todos los asistentes al tentadero en 1910.

 


Pocos años después de aquello , en concreto el domingo 21 de junio de 1912 debuta como novillero  en El Puerto Joselito el Gallo junto al novillero con el que hacía pareja desde niño José Gárate "Limeño".

Joselito se apodaba entonces "Gallito Chico". En su debut en El Puerto salió a hombros por la Puerta Grande y los periódicos de la época titulaban  "Tardaremos  tiempo en ver cosa igual".

Debut de Joselito de novillero en El Puerto de gris perla y oro



Como matador de toros solo seis veces actuó Joselito en el Puerto de Santa María lo que no fue óbice para que quedase impactado por los días de toros en El Puerto. Cuando pronuncia su famosa frase en San Sebastián sobre quien no ha visto toros en El Puerto solo ha toreado dos veces allí. Su debut como novillero y su primera corrida de toros.

Su primera actuación como matador de toros fue el 26 de marzo de 1916 en un mano a mano con Juan Belmonte. Hasta dos mil visitantes se desplazaron de Cádiz capital para presenciar el festejo y más de cinco mil quinientos de distintas poblaciones.

Desde fecha muy remota eso siempre venía ocurriendo en El Puerto como reflejan unos versos que improviso el periodista del diario "Jerez", D. Primitivo Mateo, con ocasión de encontrarse comiendo con unos amigos en la fonda de Vista Alegre, en un día de toros en El Puerto, a fines del siglo XIX.

Los toros del Puerto son
desde fecha muy remota
delirio de la afición
donde acuden con tesón
Cádiz, Jerez, La Isla y Rota.
Y si trabaja Hermosilla
Sanlúcar da un contingente
que es en verdad maravilla
porque lleva con sus gentes
efluvios de manzanilla.

Aquel día la partida se la llevó Joselito que como titulaba algún periódico de la época se merendó a Belmonte.




El 3 de septiembre del mismo año 1916 se volvían a anunciar  juntos , pero Belmonte no pudo acudir por haber resultado cogido y alternó con el vallisoletano Pacomio Peribañez que estuvo muy bien aquella tarde y corto dos orejas y el rabo a uno de sus oponentes. Peribañez dejaría los toros para dedicarse a ser actor de teatro.

 Joselito azuzado por el éxito de su compañero de cartel realiza una de las mejores faenas de su vida aquel día . Una frase de la crónica de la "Revista Portuense" resumen lo que debió ser aquella faena. "El toro está borracho de la enormidad del torero que tiene por delante". Corta dos orejas y rabo y da dos vueltas al ruedo con el público enfervorizado.

Desplante de Joselito en El Puerto. Obsérvese el sombrero que le tiran desde la grada.



El 2 de septiembre de 1917 se anuncia Joselito por tercera vez en El Puerto como único espada. Aunque se llegan a editar los carteles y los programas de mano, Joselito no llegó a torear nunca seis toros en El Puerto. El cartel se reformó y se hizo un mano a mano  entre José y su hermano Rafael. Ambos hicieron el paseíllo ese día vestidos de verde y oro.

Cartel anunciando a Gallito en solitario en El Puerto. No se llegó a celebrar esa corrida


El 1 de septiembre de 1918 vuelve a torear Joselito en El Puerto tras muchos cambios de cartel. En principio se anunció un mano a mano entre José y Juan, pero tampoco pudo asistir Juan Belmonte. Entonces se acordó la actuación de José en solitario, pero tampoco termino de cuajar.

Finalmente se confecciona un cartel con Rafael el Gallo, Isidoro Flores y Joselito. El cartel tenía el aliciente de ser la despedida de Rafael el Gallo de la afición andaluza, ya que ese año había anunciado  su retirada. Rafael estuvo ese día colosal luciéndose incluso en banderillas. Cuando daba la vuelta al ruedo , desde el tendido le arrojaron un gallo vivo, que muy garboso se dio la vuelta al redondel detrás del diestro , como una simbólica sombra.

El 6 de abril de 1919 vuelve a torear José  en El Puerto junto con Fortuna e Ignacio Sánchez Mejías. Ese día torea con el traje negro con bordados negros que lució tras la muerte de su madre. Cuentan las crónicas de aquel día que los tercios de quites que se vieron difícilmente se podrán igualar.

Vista aérea de la Plaza de Toros del Puerto en el siglo pasado.


La última corrida de Gallito en El Puerto fue el 29 de junio de 1919. Se proyectó un mano a mano con su cuñado Ignacio Sánchez Mejías, pero no pudo ser por cogida previa de este. Fue sustituido por Varelito y Limeño. De aquel día destacan las crónicas tres superiores pares de banderillas de Joselito.

Nadie sabía ni siquiera imaginaba  que era la última corrida de Joselito en El Puerto.

Curiosamente , salvo la corrida mencionada al principio, Juan Belmonte no actuó durante los años citados en El Puerto, por lo que la afición portuense no pudo ver a Belmonte en la Edad de Oro del toreo. Si torearía tras la muerte de Gallito,  dándose la circunstancia que la última foto pública de Juan Belmonte antes de su muerte se realiza en una corrida a la que acude como espectador. Fue el 1 de abril de 1962 en el homenaje a "Carnicerito"

Última foto de Juan Belmonte captada en la Plaza de El Puerto días antes de su muerte


Joselito tuvo mucha relación con El Puerto y tenía muchos contactos personales y amistades íntimas.

De hecho llega a actuar como padrino de bodas en el enlace matrimonial de la señorita  Vicenta Ribera Jiménez con D. Antonio González como se aprecia en la foto de abajo.

Joselito en El Puerto como padrino de boda.



El próximo seis de agosto se volverán a celebrar toros en El Puerto en una corrida que tendrá una doble conmemoración, el centenario de la muerte de Joselito y el 140 aniversario de la inauguración de la plaza.




Será una bonita ocasión para vivir intensas emociones y acudir a la Plaza Real teniendo en la mente aquellas palabras de Fernando Quiñones en su obra "Toros en El Puerto"

"Por entre las macetas del balcón, muy lejos, espejeaba al sol la desembocadura del rio, y de la angosta calle principal, a cincuenta metros, llegaba el rumor de la multitud apelotonándose hacia la distante y gran Plaza Real..."



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sábado, 13 de junio de 2020

La historia de una pluma a la vera de la Reina


“Lo arrecogieron entre cuatro y lo llevaron a morir a la vera de la Reina”.

Con este genial sarcasmo terminaba el canónigo Juan Francisco Muñoz y Pabón  la carta que le dirigía a una señora de la nobleza sevillana en la que se quejaba de que se hubieran oficiado unos funerales en la Catedral de Sevilla en memoria de Joselito el Gallo, ya que consideraba la señora que la Catedral estaba reservada para reyes, nobles aristocráticos, arzobispos y canónigos.

El funeral en la Catedral de Sevilla se celebró el día 21 de mayo de 1920. Dos días después de ser enterrado Joselito y diez días antes del celebrado en la Macarena con la Virgen vestida de luto.

Los dos fueron organizados por el canónigo de la Catedral de Sevilla D. Juan Francisco Muñoz y Pabón. El funeral de la Macarena fue oficiado por el también canónigo D. Jose Sebastián Bandarán. Ambos fueron personajes singulares e históricos en la ciudad de Sevilla.

A las exequias celebradas en la Catedral acudió toda la familia Gómez Ortega. Presidian el duelo sus hermanos Rafael, Fernando, Gabriela, Trinidad y Dolores; sus hermanos políticos Ignacio Sánchez Mejías, Enrique Ortega” El Cuco “y Manuel Martín Vázquez.

Además de la familia formaban parte del duelo su administrador Antonio Parra “Parrita”, su apoderado Don Manuel Pineda, y sus grandes amigos Don Juan Soto, D. Jose María del Rey y D. Juan Antonio Jacobo, su padrino D. Plácido Zambrano Fernández “Pimienta” picador retirado, D. Antonio Filpo (que le concedió la primera oreja que se dio en la Maestranza) y los señores Marvizón y Petit de la Hermandad de la Macarena.

Había también una presidencia de autoridades compuesta por el Gobernador Eclesiástico, El Gobernador Civil, el Alcalde Accidental, el Delegado de Hacienda, el Presidente del Casino Militar y el Capitán de Ingenieros donde Joselito había hecho el servicio militar.   

El duelo recibió y despidió en el trascoro de la Catedral.

Asistió al funeral lo más granado de la sociedad sevillana, todos los estamentos civiles, militares y religiosos, así como el Cabildo de la Catedral en pleno, revestido con el terno del Viernes Santo.

La catedral estaba decorada con los ornamentos más ricos y en el Altar Mayor se levantó un túmulo funerario de tres cuerpos cubierto por paños de terciopelo bordado en oro, rodeado de blandones de plata y presidido por la Cruz Patriarcal.

A las diez y media de la mañana se cantó la Vigilia y terminada ésta, la gran misa de Requiem  de Hilarión Eslava, mientras las campanas de la Giralda doblaban a muerte durante todo el día.

Ofició la misa don Luis Martín Moreno.

Terminada la misa, los canónigos, con velas encendidas, rodearon el túmulo mientras se entonaban responsos por el alma de Gallito.

Muñoz y Pabón tuvo una gran amistad con Joselito. Era un sacerdote muy peculiar. Nacido en Hinojos (Huelva) llegó a Sevilla a muy temprana edad para ingresar en el seminario. Se hizo popular con sus predicaciones y cosechó gran fama por sus novelas y cuentos. Hasta 27 llegó a publicar. Tuvo una activa participación en la coronación canónica de la patrona de Sevilla, la Virgen de los Reyes, primera imagen mariana coronda en Andalucía y fue el artífice principal de la coronación canónica de la Virgen del Rocio de Almonte. A la Blanca Paloma llegó a escribirle las famosas sevillanas “La Virgen del Rocío no es obra humana”

No es obra humana

la Virgen del Rocío

que bajó de los Cielos

una mañana

eso sería

para ser Reina y Madre

de Andalucía

 

Para recaudar fondos para esta última recurrió a Gallito que organizo un festival en la Monumental el 8 de diciembre de 1919.
Joselito en el festival benéfico para la coronación de la Virgen del Rocío
 

Hombre prolífico en todas sus facetas se proclamó profundamente español ante los fuertes brotes independentistas catalanes que ya en aquella época se manifestaban. Escribió un “Himno a la Bandera” que hoy día estarían de rigurosa actualidad y cuyos primeros versos no viene mal recordar.

¡Gloria a ti, Pabellón de Castilla,

pincelada de sangre y sol!

¡Quien no doble ante ti la rodilla

no merece llamarse español!

Estaba muy vinculado con las hermandades de Sevilla, en especial con la Macarena y el Valle. De hecho cuando La imagen de la Virgen del Valle sale ardiendo en la iglesia del Santo Ángel es restaurada posteriormente en su casa de la calle Abades.
Coronación canónica de la Virgen de los Reyes, la mayor devoción del Dr Leal Castaño

Los canónigos, entre los que se encuentra Muñoz Y Pabón observando la corona de la Virgen antes de la coronación.
 

Muy curiosa fue la maniobra que hizo con la imagen del Señor Atado a la Columna de la Hermandad de las Cigarreras. Hasta 1916 dicha hermandad tenía una fantástica imagen de Pedro Roldán cedida por el Arzobispado. La imagen fue sustituida por otra de Joaquin Bilbao de menos valor artístico, acabando la de Roldan en la iglesia de Hinojos , pueblo natal de Muñoz y Pabón que tenía gran interés en que su localidad natal tuviera una imagen de categoría, que a día de hoy aún permanece en aquella iglesia.

Aquella Semana Santa , una joven cigarrera disgustada por el cambio lanzó una maliciosa saeta a la Virgen de la Victoria comparando la talla de Bilbao con el pagador de la Fábrica de Tabacos que al parecer era un hombre fornido  y musculoso.

"Mare mia la Victoria

bien comprendo tu dolor

te han quitaito tu hijo

y t,an puesto er pagador".

A pesar de ello tenía gran amistad con el Director de la Fábrica de Tabacos de Sevilla, que le hacía múltiples regalos de cajas de cigarrillos que a la postre acabarían costándole la vida pues falleció en diciembre de 1920 con solo 54 años víctima de un cáncer de pulmón en su casa de la calle Abades, muy cerca de la Academia Sevillana de las Buenas Letras de la que fue miembro.  Una placa en la calle Abades de Sevilla lo recuerda

Miembro también de la Academia Sevillana de las Buenas Letras fue otro de los canónigos que participó en el funeral de Joselito en la Catedral y el oficiante principal del funeral en la Macarena. Don José Sebastíán Bandarán.

Un canónigo de armas tomar. Hombre serio y riguroso, pero entregado a Dios y al prójimo. Muy vinculado a muchas hermandades de Sevilla y al mundo del toro. En el año 1918 impone su disciplina a las hermandades creando el control de las mismas en la carrera oficial implantando “ El Palquillo” de La Campana, conocido en la época como el “Patíbulo”.

Fue el sacerdote que bendijo la Capilla de los Marineros y sus restos mortales yacen a los pies de la Esperanza de Triana.

El paso de la Virgen se monta quince días antes de su salida justo encima de su tumba, por lo que tiene el privilegio durante ese tiempo de ser su único e inamovible costalero.
Placa de la tumba de D. José Sebastián Bandarán en la Capilla de los Marineros
Vivía con su madre en el Barrio de Santa Cruz, en la calle Pimienta, que está dedicada a su memoria.
La misma calle en la que en la ficción vivía el torero Currito de la Cruz, encarnado en el cine por Pepín Martín Vázquez. Película taurina por excelencia junto a "Sangre y Arena".
Azulejo de la calle Pimienta
 
 
Cuenta la leyenda que toma la calle su nombre de un judío comerciante de especias que en ella vivía. Un día que blasfemaba contra Dios por lo mal que le iba el negocio pasó por allí un cristiano que le dijo que no tomará el nombre de Dios en vano que el Señor siempre provee. Al día siguiente un árbol seco de pimienta que tenía en su jardín comenzó a dar fruto. El judío acudió a la Catedral a pedir su conversión y la calle fue así nombrada.
Cuentan que el canónigo vivía en esa casa que el judío cedió a la Iglesia a su muerte.
Gran labor social hizo D. José Sebastián Bandarán y por ello tiene una calle dedicada en el Polígono Sur.
 
Dicen que apenas se le podía ver sonreír. Sin embargo había una persona que le conseguía sacar enormes sonrisas y con el que procuraba compartir mesa en los actos oficiales a los que solía ir. El Doctor Leal Castaño.
 
En las imágenes de abajo podemos ver unas fotos que lo atestiguan y que los periodistas de la época calificaron como de históricas por ver a D. José Sebastián Bandarán con grandes carcajadas. Fue en la celebración del 50 aniversario de la fundación del Sevilla FC y puede vérsele junto al Dr. Leal Castaño y D. Ramón Sánchez Pizjuán.

Tarjeta de visita del Canónigo y Predicador titular de la ciudad de Sevilla
 
Don José Sebastián Bandarán entre D. Ramón Sánchez Pizjuán y el Dr. Leal Castaño en la celebración del 50 aniversario del Sevilla. Obsérvese el escudo del Sevilla en la mesa
 
 
El Dr. Leal Castaño y D. José Sebastián Bandarán
 
 

Los dos canónigos tuvieron gran amistad con el Cardenal Marcelo Spínola, que había fundado “El  Correo de Andalucía” y que animaba a ambos a prodigar su vena literaria.

Le decía Marcelo Spínola a Muñoz y Pabón.

“A seguir escribiendo… Ni se contente solo con ser aficionado. Hágase profesional. Teólogos y canonistas, patrólogos y exegetas, tenemos muchos en la Iglesia. Filósofos y naturalistas tampoco nos faltan. De literatos es de lo que andamos escasillos”

La mentalidad puritana de la época le hizo tener grandes detractores a lo que Muñoz y Pabon siempre contestaba

“No crean que me irrito, ni que pierdo por ello la paz interior”.
D. Juan Francisco Muñoz y Pabón.
 

 

Precisamente en las páginas de “El Correo de Andalucia” publicó  un artículo sobre los funerales de Joselito y que por su interés reproducimos de manera literal porque generó tanto entusiasmo como polémica y escándalo en ciertos estamentos de la ciudad.
 
Extracto de las cartas
 

Decía el artículo lo siguiente:

“La muerte de Joselito ha sido toda una tragedia. En la plenitud de la vida- 25 años- , en el apogeo de la fama y en lo alto de la catedra de la sabiduría taurina, Joselito ha sido regado en flor por el asta de un marrajo.  

¡El ídolo de las muchedumbres y el fetiche de la afición ha rodado por la arena, roto y ensangrentado, muriendo ante dolores indecibles, cuando aún resonaban en los tendidos los últimos aplausos, que logró arrancar su arte prodigioso!... De aquí que Sevilla entera háyase horrorizado y conmovido ante esta tragedia tan luctuosa, como ante la de Sófocles el pueblo griego…

Los Hércules de la Alameda están de luto y la Giralda llora. ¿Cabe expresión de dolor más sevillana?

Delicadeza ha sido la primera, que es toda una caricia y equivale a una lágrima. Y delicadeza ha sido la segunda, que por ser toda una oración, equivale a un sufragio.

Con ser cosa tan fina, tan sencillamente delicada, enlutar con crespones los monolitos de la Alameda, y colgar, con mantones de Manila negros, los balcones del tránsito, cual si no hubiera para un torero muerto otro luto más apropiado que mantones de Manila, la finura de un funeral en la Santa Metropolitana y Patriarcal Iglesia le da quince y raya a la finura anterior.

Sevilla quería para la enormidad de la tragedia de su ídolo, exequias de Canónigo…, de Grande de España…, de Ministro de la Corona.., de Príncipe de la Sangre.., de Rey…, de Pontífice.

Con lágrimas en los ojos, se ha acercado al Cabildo Metropolitano en demanda de ello. El Cabildo, que tiene  el raro acierto de ponerse siempre en la realidad de las cosas, ha accedido a la súplica con proverbial benignidad; y, una vez puesto a hacer unos funerales dignos de Sevilla, ha desplegado toda la asiática pompa de su incomparable liturgia: ¡ La gran misa de Eslava y el terno de Viernes Santo!

Por cierto que no han faltado títulos de Castilla – asistentes al acto- que han sentido escándalo de que todo un Cabildo Catedral haga exequias por un torero…

Pero ¿Qué? ¿ No sois vosotros los que aplaudís a los toreros y los jaleáis; los que aduláis … formándoles corte hasta las mismas gradas del trono…, los que os disputáis sus saludos como una honra; tenéis en más su autógrafo , que los de cualquier intelectual consagrado, y juzgáis sus reliquias – a las veces más íntimas-como las de un confesor de Jesucristo?

Cualquiera os entiende, piadosísimos varones. Llegáis en vuestra demanda a rendir parias a la memoria del torero muerto, asistiendo a su funeral, y ponéis como chupa de domine al Cabildo, porque es tan “demócrata” que hace sufragios por un fiel que ha pasado a mejor vida en comunión con la Iglesia.

¿ O es que va nuestro Cabildo a guardar estos funerales para cuando muera un político, enemigo de Jesucristo y su Iglesia, y venga la Real Cédula de ruego y encargo? La Real Cédula, en el caso presente, la han expedido el pueblo y la familia doliente, y el Cabildo no ha hecho más que darle curso.

Ahora, si Joselito no ha sido tan funesto para la nación y para la Iglesia como lo son los políticos- aquí entran también los locales-, nadie tiene la culpa.

El pobrecito puede decirse que no ha hecho mal a nadie. ¡Ojalá que de todos los que mueren pueda decirse otro tanto!”

¿ Será por esto por lo que en los funerales de los políticos no suele haber más que “la música y acá”, y en las honras de Joselito ha estado “toda Sevilla”, empezando por vosotros, los títulos y los grandes, y acabando por los pobres y los humildes? ¿Es que os duele el contraste?

El remedio no está en Roma: mereced ser queridos en vida y llorados en muerte. El pueblo hará lo demás”.

La carta no tiene desperdicio y Muñoz y Pabón no se recató ni un ápice en expresar lo que sentía y pensaba.
 

No sentó muy bien el artículo. Muñoz y Pabón recibió en su casa una carta en papel timbrado reprochándole el artículo anterior.

 

Muñoz y Pabón le contesta en un artículo titulado “A Ella” que por su interés reproducimos a continuación:

 

“ La letra es de mujer ( de esa, toda picuda, que hemos convenido últimamente que es lo hiperelegante y ultrachic.., aún cuando no se entienda) y el papel es timbrado. Solamente que una mano precavida ha vaciado con las tijeras la cifra o blasón y no ha dejado más que la corona heráldica que cobijaba la una o remataba el otro.

Pone el grito en el cielo mi distinguida comunicante, porque una pluma como la mía –muchas gracias, señora, por las lisonjeras frases que me prodiga a este propósito- haya sido puesta por mí al servicio de la causa de un torero , “ de quien todo lo que usted tiene que decir –son sus palabras- es que no ha hecho mal a nadie”.

¿Me permite señora que le conteste?

Mire usted: como mi artículo no era precisamente panegírico del torero, ni como torero ni como hombre, sino de la delicadeza de sentimiento de la ciudad de Sevilla, al querer y procurar para su ídolo el luto civil de los Hércules de la Alameda y el sufragio cristiano del funeral en nuestra Basílica, no tuve por qué apurar el consonante de las virtudes públicas y privadas del pobrecito muerto. Pero, pues me tira usted de la lengua, con que si todo lo que tengo que decir de Joselito era eso, le diré que el infortunado espada era algo más que un hombre que no hacía daño a nadie.

Joselito era creyente. Era devoto. Y sin esas prodigalidades chocarreras, ni esos rumbos chabacanos de los toreros del antiguo régimen.

Joselito contribuyó como un príncipe a todo lo noble, a todo lo grande, a todo lo santo que se proyectó en Sevilla.

Ahí están, si no, las coronas de oro de la Virgen de la Esperanza de la Macarena y la del Rocío… el premio que proyectaba para costear la carrera de magisterio a un estudiante pobre de Sevilla…, las mil y una suscripciones para la caridad o para el culto, donde estampó su limosna, en cuyo beneficio expuso su pelleja, y las madres y las hermanas de otros cien, a quienes socorrió con mano prodiga.

¡Desengáñese usted, señora! Joselito era aún más querido que admirado; y cuando las muchedumbres llegan a querer, crea usted que por algo quieren.

Ni es esto sólo. Otro en su edad – en la flor de la vida-, con sus posibles, y sobre todo: en medio de la apoteosis de ídolo de las turbas, que era su medio ambiente, quizás hubiera dejado detrás de si una estela de escándalo. Joselito se ha deslizado por la historia como un muchacho de juicio, como un hombre bueno, con la puntería puesta en una novia, que iba a hacer su mujer, porque “era buena”; porque “era de su casa” y porque “tenía religión”.

¿Piensan así – y usted dispense la pregunta- sus hermanos de usted o sus primitos, al romper con el donjuanismo de solteros para entrar por el aro del matrimonio?

Crea usted que me holgaría sobre manera de que así fuese…

Por lo demás , señora, cada uno escribe lo que siente, y yo soy la sinceridad en carne humana. De ahí que tenga lectores quizá , y sin quizá, más que por lo bien que, según usted, escribo, porque, como dijo el clásico " de mi libre musa/jamás el eco adormeció a tiranos/ni vil lisonja emponzoñó mi aliento”. De usted, señora, con toda reverencia servidor y capellán, que en sus santas oraciones se encomienda. Juan F. Muñoz Pabón."

Buen repaso le dio a la señora.

La repercusión de la carta fue tal que los miembros del Club Gallito decidieron hacerle un homenaje ofreciéndole una pluma de oro costeada por suscripción popular.  Se formó una Comisión organizadora en la Lotería de la Europa cerca de la Alameda de Hércules.
Carta de la Comisión a The Times publicitando la suscripción
 

Al enterarse el canónigo escribió una carta a la Comisión

“Séame licito exponer una idea. Sea el obsequio una pluma. Y de oro.. Y todo lo más rica y artística que pueda dar de sí la suscripción. Aceptada desde luego y agradecida. Pero póngasele un alfiler, que la convierta en imperdible o broche, para sujetar con ella el cíngulo de la Virgen de la Esperanza. Sea para ella la pluma”.

No aceptó en principio la Comisión la sugerencia e insistían en regalarle a él la pluma. Volvió a escribirles otra carta en la que decía

“Vamos a dejarnos de pluma de oro que yo con la pobre que tengo me las compongo como Dios me da a entender  y vamos a convertir lo que se recolecte en el estipendio de una misa rezada, que yo me comprometo a decir el día que ustedes señalen, por el alma de Joselito en el altar de la Virgen de la Esperanza. Hecha mía dicha suma , mediante la aplicación del Santo Sacrificio, es mi voluntad que se emplee en una limosna de pan- A ser posible de trigo-  como un sufragio más por el alma del muerto, limosna que repartirán ustedes mismo cómo a bien tengan”

Aceptó la Comisión lo que Muñoz y Pabón  quería y le contesta

“Desde luego ya que ese es su deseo será la pluma de oro para la Virgen de la Esperanza, donada por usted.  El tamaño de la mencionada pluma se reducirá, apropiándola para un imperdible ganando en valor y arte lo que pierda en dimensiones. La Hermandad cuidará que la Virgen la luzca siempre y en especial las Madrugadas del Viernes Santo para que el pueblo, al ver la alhaja recuerde con cariño al escritor que supo hacerse  interprete de tan nobles sentimientos. Todo ello sin perjuicio de que si el resultado lo permite, le complazcamos también en la limosna de pan para los pobres”.

A la suscripción se adhirió también Rafael el Gallo que escribió a la Comisión

“En consideración y respeto de la memoria de mi infortunado hermano José, en representación de toda mi familia, me reserven el último lugar en la suscripción abierta, a fin de contribuir a ella en la forma que mejor estimen”


 

La Hermandad de la Macarena acordó en Junta de Gobierno que “se diera una limosna a los pobres, consistentes en hogazas de pan, en memoria de nuestro hermano José Gomez Ortega”

José en vida y de forma anónima daba dinero a su administrador  para que en Sevilla se repartiera el pan a los pobres. Solo cuando murió, y al notar su falta los beneficiarios, se supo que había sido él el que mandaba repartir aquellas hogazas de pan y aquellas limosnas tal y como contó su administrador.

Muñoz y Pabón si lo sabía y por eso pidió que se siguieran repartiendo con la colecta que se recogiera .

En la pluma puede observarse un gallo y un estoque en memoría de Jose.

No pudo llegar a ver la pluma en el fajín de la Virgen el canónigo, pues aquel invierno de 1920 fallecería.  

Terminaba la carta “A Ella” con una posdata en la que Muñoz y Pabón de forma sarcástica a la vez que humorística igualaba a Joselito a los nobles porque había muerto “ a la vera de la Reina”

“Para el pueblo, Joselito no podía morir en cualquier parte y de cualquier manera. Y – misté, don Juan:- me decía la mujer del pueblo, que me daba la noticia: - fue una corná tan regrande, que lo vació enteramente. Le jicieron la cura (lo cuá dicen que fue un horró) y le dieron el Santolio al pobrecito. Y ar verlo tan malito al infeli, po fueron y lo arrecogieron entre cuatro, y lo llevaron a morí… ¡ A la vera de la Reina!

Terminaremos nosotros con la frase del primer artículo de Muñoz y Pabón.

“Mereced ser queridos en vida y llorados en muerte”. Y así nos plantaremos sin duda “ a la vera de la Reina”...  
 

 

 

 

 






Hoy se torea en el Cielo por chicuelinas

Decían de él que toreaba como los ángeles y que sus muñecas eran de cristal por la suavidad con la que mecía el capote. Cuentan que ha entra...